Costa Rica
Alejandro Cárdenas

Alejandro Cárdenas nació en San José, Costa Rica en el año 1976, hijo de madre costarricense y padre guatemalteco. Ingeniero en Ciencias de la Computación de profesión, en el año 2001 se muda a San Diego California en dónde obtiene una maestría en negocios y comercio electrónico. Actualmente se desarrolla profesionalmente en el área tecnológica.

Cárdenas es un poeta aficionado, que sueña con escribir  pronto una novela de ciencia ficción. En 2018 obtuvo el grado de Sempai en la escuela de poesía japonesa “Sociedad Secreta del Haijín”. Su gusto por la literatura (especialmente de ciencia ficción, realismo mágico y realismo visceral) inicia alrededor de sus 35 años de edad. Desde 2015 comparte sus escritos en distintas plataformas de difusión, en paralelo con sus estudios en la escuela de poesía japonesa, incursionando más profundamente en la escritura y lectura poética.

Y qué importa

¿Y cómo te digo
ahora que te quiero?
¿Cómo expresarte
lo que ha dolido
el haberte perdido
en esa lejana vida
de tierna juventud
que me parece
haber vivido
en un mundo paralelo?
Que diviso
entre la bruma del tiempo
casi como un sueño.
Y qué importan
todas las hojas
que han llorado
docenas de otoños
(por nosotros).
Y qué importa
el profundizar de raices
de las acacias
y los almendros
mientras esperaban
el reencuentro
(el nuestro).
Y qué importa
el amor platónico
de jaurías de lobos
por constelaciones
de lunas llenas
que para oirlos aullar
salían de sus cuartos
menguantes.
Y qué importa
el desespero de los ríos
por desembocar
en todos sus mares.
Y qué importan
todos los cometas
que brillan de ilusión
mientras recorren
distancias estelares.
Y qué importa
si todos los decimales
de PI contienen toda la poesía
que jamás podré escribirte
(y que nunca leerías).
Y qué importa
que el universo
haya llegado
a entenderse a si mismo.
Si tú no me entiendes a mí.
Si no encuentro
los grafos,
ni las pinceladas,
ni los mares de lágrimas
en incontables almohadas,
ni las auroras boreales,
ni las alboradas,
que te hagan entender;
que te necesito conmigo,
que necesito
que nos inventemos
otra vez una vida
que sea nuestra,
un sueño para soñarlo juntos,
unas sábanas
para incendiarlas
en los cuartos
crecientes de luna.
O si nada de eso es posible,
que necesito al menos
la chispa de tu mirada;
esa que tenías,
cuando en una vida pasada,
parecía que me amabas.

A éste poema le falta un lado

Al otro lado de éste poema
está el no poema y el no poeta,
la escalera sin peldaños,
el día que no duerme de noche,
y la noche que nunca despierta.
Al otro lado de éste poema
está el sol no nacido
en un sistema solar
que no tiene un planeta azul
en universo que aún cree
que la vida es una leyenda,
y la muerte
ha perdido la fe en su propia existencia.
Al otro lado de éste poema
está el grito sin garganta,
las palabras sin alfabeto,
el llanto que no llora,
el cóndor que nunca vuela,
y el cuervo sin ojos, y sin jaula.
Al otro lado de éste poema
el amor no me encuentra
y yo no entiendo al amor
y yo creo que el amor es una leyenda.
Al otro lado de éste poema
estás tú sin mí
(y está el aguijón, y la daga)
y de éste lado estoy yo sin ti
(y está el dolor, y la llaga )
construyéndote una existencia
a punta de palabras y versos
que aquí no encuentro;
pues están, al otro lado de éste poema.

Un sueño pandimensional

Hace un instante contemplaba
esos momentos brillantes
y a veces ténues
de tu tierna infancia;
luego,
todas tus luchas de adolescencia,
y todas las penalidades
de esa fatigosa adultez
que te ha agobiado
con el peso de incontables toneladas;
cuántos problemas han gravitado hacia ti
como si fueses un imán bipolar
que atrae y repele por ambos lados a la vez…
y cargado de dolor y de empática aflicción
he regresado a tus primeros meses de vida,
donde lloras por la angustia de tu devenir;
te he acariciado las mejillas,
he dibujado una sonrisa en tu rostro,
he rozado gentilmente los lóbulos en tus orejas,
y te has dormido profundamente
acunado en mis brazos,
con un beso mío en tu frente…
me he ido con fast forward a esos instantes
en que te has hundido en los más oscuros abismos
de tu existencia;
y rodeado por mis brazos
te he dado palmadas en la espalda,
te he repetido que todo va a estar bien;
que tarde o temprano esbozaré un camino frente a ti
y tú pondrás los adoquines con cada paso que des;
un sendero que finalmente te lleve a buen destino.
Guardo cada una de tus lágrimas;
las de tus sollozos en la alborada,
las de tus ayeres,
y las de todos tus mañanas
en un frasquito pequeño;
y las vierto continuamente
en todos los manantiales,
los ríos, los lagos,
los océanos y los mares.
Cada una de tus células muertas
las recojo en un pomo
para con ellas llenar de pétalos
las flores de todas las primaveras
que han de venir.
Cada uno de tus latidos
son el motor de mi reloj de bolsillo,
lo observo
en cada uno de los segundos de tu vida;
y hoy te garantizo que estaré allí,
cuando el reloj se detenga,
cuando vivas el último de tus segundos,
cuando expires y vuelvas a mí;
a mí,
que te di aquel primer hálito de vida…
cuando eso suceda,
abriré el cristal de tu tiempo,
el que he guardado en mi reloj,
y liberaré toda la luz
de los instantes que has existido;
los verteré en alguno
de los infinitos espacios oscuros
que a veces, se me ocurre crear;
y serán,
la fuente inagotable de resplandor
de todos sus luceros.
Y no, no te he creado aún;
eres todavía un sueño,
un anhelo…
mas cuando lo haga,
dudarás de ello;
pensarás,
que no eres más que un accidente sin propósito;
pero lo haré, te he de crear,
te prometo solemnemente…
que lo haré.
Y serán incontables las veces
que pensarás que yo,
soy solo un sueño;
un absurdo de tu imaginación…
pero no, el sueño eres tú;
producto de una imaginación inagotable,
incalculable, inconcebible.
Y eres todo menos absurdo;
eres un sueño, un anhelo…
mi sueño.

De otoños y primaveras

Nacen otoños en tus párpados
y te veo más hermosa que nunca.
Mil primaveras
nunca fueron suficientes
para describir la alegría
de rozar tus mejillas
con la carne de mis labios.
Me dices algo
y arden leños
en la fogata de tu boca.
La miel de tu mirada
flota en el ambiente
y arranca
la danza de los cisnes
al compás
del movimiento pausado
de tus níveas manos.
En tu cabellera azafranada
se enredan mis mariposas.
En tu cuello
nacen arcoíris
y torrenciales cascadas
de agua fría.
En tus dos pechos
Sagitario flecha a Casiopea
y le hace el amor
al compás de la sinfonía
de cuerpos celestes
que rinden pleitesía
a tu celestial estampa.
Acontece todo esto
ante mi mirada hipnotizada
y se arremolinan vientos
de suspiros profundos
que nacen
de mi alma enamorada.

Esencia de sueños oxidados

Un revólver en las sienes del tiempo,
y los últimos minutos de esta vida
abandonados en un rincón empolvado
de esa vieja y barata casa de empeños
(las balas de plata están allí también).
Dos centavos de sueños oxidados
en el bolsillo derecho,
y una guillotina caduca y obsoleta
a un pelo de distancia
de una manzana de Adán
que ha olvidado su Edén.
Las serpientes ya no llegan
a tomar sus tragos
con zumo de inocencia
a ninguna cantina del Paraíso
(dejó de tener gracia desde que las Evas
se fugaron con sus novios a las tierras baldías
a esperar los diluvios).
Las gárgolas parisinas se mudaron a vivir
a casa de Nosferatu desde que éste
dejó de pagar su hipoteca
al banco de sangre de Transilvania,
y el hombre lobo se fue de soles de miel
desde que contrajo nupcias
con la luna llena.
Aquí ya nadie compra boletos a-Marte
desde la barata de boletos a odiarte.
Dos zopilotes liman sus uñas
a la espera de la próxima temporada
de The Walking Dead,
mientras tanto leen
“Las intermitencias de la muerte”
de José Saramago.
A mí el dolor ya no me duele,
a mí me duele todo
y el dolor es otro pasajero del vagón
(el vagón soy yo, sin locomotora,
y a veces locomotora sin vagón,
y otras solo los rieles; todo pasa sobre mí).
Aún tengo pendiente
calcular la pendiente
de una vida recta,
que más bien es imperfecta,
y aunque suene absurdo
por reducción al absurdo
queda totalmente demostrada.
Y yo qué sé de esencias,
sé más de impertinencias,
un poco de ausencias,
un tanto de indecencias;
mas ante este revolú
de poesía sin sentido,
en el sinsentido
de estos versos;
encuentro que en esencia,
las cosas, las personas y los hechos,
han perdido su esencia.